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La imagen que se presenta captura un momento cargado de tensión y crudeza: una joven de 23 años, con el cabello largo y mojado cayéndole sobre el rostro, la mirada baja y una expresión de aparente resignación. Está flanqueada por agentes de la Policía Nacional de Colombia, uno de ellos con chaleco táctico donde se lee claramente “POLICÍA”. Al fondo, un telón con los emblemas de la institución y la frase “Policía Nacional de Colombia – Dios y Patria”. Un círculo amarillo resalta un primer plano de su cara, y al pie una leyenda en letras grandes y amarillas proclama: “‘La Muñeca’: una sicaria de 23 años fue arrestada al ser vinculada a un caso que terminó con la vida de su exnovio”.

Esa mujer es Karen Julieth Ojeda Rodríguez, conocida en los bajos mundos del Magdalena Medio y Santander como “La Muñeca”. Su detención, ocurrida a principios de diciembre de 2024 en Barrancabermeja (Santander), se convirtió rápidamente en noticia viral por la aparente contradicción entre su juventud, su apariencia casi frágil y la violencia extrema que se le atribuye. A los 23 años, según las investigaciones de la Policía del Magdalena Medio y reportes periodísticos, ya lideraba o era segunda al mando de una estructura criminal denominada “Los de la M”, dedicada al sicariato, ajustes de cuentas, microtráfico y extorsiones en la región.

Orígenes y ascenso en el crimen

Karen Julieth nació y creció en Barrancabermeja, una ciudad marcada históricamente por la presencia de grupos armados, el petróleo y la violencia estructural. Terminó el bachillerato y, según relatos de periodistas locales como Jacobo Solano Cerchiaro, a los 18 años decidió ingresar al mundo del crimen organizado. No lo hizo como simple mensajera o “campanera”; desde temprano mostró carácter “recio”, habilidad con las armas y una frialdad que la hizo destacar. Su apodo, “La Muñeca”, tiene un doble sentido: por un lado, alude a su físico atractivo, de rasgos finos y figura que le permitía pasar desapercibida en entornos urbanos; por otro, ironiza su capacidad para “romper” vidas sin aparente remordimiento, como una muñeca que se manipula pero también manipula.

Se vinculó sentimentalmente con John Jairo Fernández Portala, alias “Marihuano”, máximo líder de “Los de la M”, quien operaba desde la cárcel de Girón. Desde allí, según las autoridades, la pareja coordinaba operaciones. “La Muñeca” se encargaba del trabajo en terreno: reclutaba sicarios, planeaba homicidios selectivos y ejecutaba “trabajos importantes” gracias a su puntería certera. Cambiaba de look con frecuencia: recogía el cabello, lo teñía o usaba ropa discreta para no despertar sospechas. Su rol no era solo operativo; también reclutaba a jóvenes de barrios vulnerables, como ocurrió con Paula Valentina Joya Rueda, alias “La Gorda Sicaria”, de 24 años, quien se convirtió en su asistente principal y cómplice en varios casos.

El asesinato del exnovio: traición y trampa mortal

El caso que terminó sellando su destino judicial fue el homicidio de su expareja, Deyvy Jesús García Palomino, alias “Orejas”. La relación entre ambos había terminado mal, por disputas económicas derivadas de negocios ilícitos (posiblemente relacionados con drogas o extorsiones). Según las investigaciones, “La Muñeca” no quiso ejecutar personalmente el crimen porque, según confesiones de cómplices, todavía sentía algo por él. Sin embargo, en el mundo del crimen “las faltas se pagan”, y decidió tenderle una trampa.

El domingo 21 de julio de 2024 (algunas fuentes mencionan el 23), lo citó en una zona rural de Piedecuesta, Santander, supuestamente para “arreglar cuentas de dinero”. Cuando “Orejas” llegó, sicarios en motocicleta lo abordaron y le dispararon. Otras versiones indican que ella misma abrió fuego. El pago por el asesinato fue bajo: alrededor de 4 millones de pesos (menos de 1.000 dólares) que se repartió con “La Gorda Sicaria”, quien ayudó en la logística y el seguimiento de la víctima. Este hecho no fue aislado; las autoridades la vinculan con múltiples homicidios selectivos en Bucaramanga, Piedecuesta, Barrancabermeja e incluso posibles extensiones hacia Cúcuta.

El día de la captura

El 1 o 2 de diciembre de 2024, en un operativo de la Policía del Magdalena Medio en Barrancabermeja, “La Muñeca” fue capturada en flagrancia junto a un hombre conocido como alias “Leopoldo” y un menor de edad. En su poder se encontraron un revólver y una pistola calibre 9 mm. El teniente coronel Mauricio Herrera Luengas, comandante de la Policía del Magdalena Medio, declaró que la detención generaba “un parte de tranquilidad en la región” y representaba un golpe a las estructuras responsables de recientes homicidios. Junto a ella cayó también “La Gorda Sicaria” en operativos relacionados.

La foto que circula —la misma que recreamos con ligeras variaciones de iluminación y ángulo— fue tomada durante la presentación ante los medios. Su cabello húmedo sugiere que quizás la detuvieron después de una persecución o en condiciones que impidieron arreglarse. La mirada baja, la postura encorvada, contrastan con la reputación de “sicaria más temida” que le habían construido en los barrios. Algunos medios la compararon con Rosario Tijeras, el icónico personaje de la novela y película colombiana: una mujer joven, atractiva y letal, producto de un entorno de pobreza y violencia que la empujó al sicariato.

Contexto más amplio: mujeres en el crimen organizado colombiano

El caso de “La Muñeca” no es único, pero sí ilustra un fenómeno creciente en Colombia: la participación activa de mujeres jóvenes en estructuras de sicariato y narcotráfico. Tradicionalmente relegadas a roles secundarios (muleros, informantes o parejas de capos), cada vez más mujeres asumen posiciones de mando o ejecución directa. Factores como la pobreza extrema en ciudades como Barrancabermeja, la falta de oportunidades educativas y laborales, la normalización de la violencia y la influencia de parejas o familiares criminales explican en parte este ascenso.

Sin embargo, reducirlo solo a victimización sería simplista. “La Muñeca” demostró agencia: coordinaba, reclutaba, planeaba y, según testigos, no dudaba en apretar el gatillo cuando era necesario. Su historia recuerda que la violencia no tiene género exclusivo, aunque las mujeres que la ejercen suelen ser juzgadas con mayor dureza social y mediática. Algunos internautas viralizaron su imagen por su apariencia; otros la condenaron con dureza, llamándola “monstruo” a pesar de su juventud.

Implicaciones judiciales y sociales

Tras su captura, “La Muñeca” enfrentó cargos por homicidio agravado, concierto para delinquir, porte ilegal de armas y posiblemente delitos relacionados con narcotráfico. Las investigaciones continúan para determinar su responsabilidad exacta en otros asesinatos. Su pareja “Marihuano” sigue en prisión, y la estructura “Los de la M” recibió un golpe importante, aunque el crimen organizado en el Magdalena Medio es resiliente y suele recomponerse rápidamente.

Desde el punto de vista social, el caso genera preguntas incómodas: ¿cómo una joven de 23 años llega a tener tanto poder letal? ¿Fallaron las instituciones educativas, las familias y el Estado en prevenir su ingreso al crimen? ¿O es simplemente el reflejo de una sociedad donde el dinero fácil del sicariato (aunque sea poco, como los 4 millones por un asesinato) seduce más que cualquier prospecto legal?

La imagen de la detención, con su fondo institucional y la leyenda amarilla, se convirtió en símbolo de esa dualidad: una mujer que parece vulnerable pero que, según las autoridades, sembró terror. Su historia, como tantas en Colombia, es un recordatorio de que la violencia no distingue edades ni apariencias. Detrás de la “muñeca” hay una realidad dura, compleja y profundamente humana: la de una joven que eligió (o fue arrastrada a) un camino de sangre, y que ahora debe enfrentar las consecuencias ante la justicia.

En un país que ha vivido décadas de conflicto armado y narcotráfico, casos como el de Karen Julieth Ojeda Rodríguez no sorprenden, pero sí duelen. Porque cada sicario caído deja atrás familias destrozadas, víctimas sin justicia plena y una sociedad que sigue preguntándose cómo romper el ciclo. “La Muñeca” ya no está en las calles coordinando muertes, pero su captura es solo un capítulo más en una guerra que parece no tener final.

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